Te Deum 2018: “Chile, un hogar para todos”

La ceremonia fue presidida por Monseñor Bernardo Bastres Florence, obispo de Punta Arenas junto al pastor de la Iglesia Metodista de Punta Arenas Rony Pulgar Hughes y el pastor Eliseo Merino.
Él Te Deum contó con la presencia de las máximas autoridades regionales encabezadas por ela intendenta de la Región de Magallanes y Antártica Chilena María Teresa Castañón Silva.
Este año la animación del canto litúrgico estuvo a cargo del coro “Arte Vocal” de Punta Arenas, dirigido por el Sr. Manuel Rodríguez Bustos.
Monseñor Bastres en su homilía hizo un llamado a que nuestro país sea una mesa para todos, acercando el evangelio al corazón de Magallanes.
Llegamos a esta casa, agradecidos, sobrecogido y esperanzados.

Llegamos a esta casa común agradecidos a Dios por gozar de una Patria que vive en paz y libertad, por el pan que ganan sus ciudadanos con su trabajo y manifestando la dignidad de ser hijos de Dios. Por todos los hombres y mujeres que diariamente entregan lo mejor de sí para engrandecer nuestra Patria. Agradecidos de encontrarnos a dos años de los quinientos años del quinto centenario del descubrimiento del Estrecho de Magallanes y en este acontecimiento la celebración de la Primera Misa y del primer bautizo en nuestro territorio nacional.

Al mismo tiempo llegamos, sobrecogidos, por la crispación que vivimos en nuestro país, causada por descontentos sociales, políticos y de frustración. También nosotros como Iglesia Católica somos parte de esta crispación, con nuestros problemas sobre todo con los delitos de abuso sexual a menores cometidos por algunos de nuestros ministros. Reconocemos que estamos viviendo una profunda crisis, que para muchos es la peor de su historia en Chile, la cual es agravada -en parte- por aquellos que teniendo una responsabilidad primordial, no hemos cumplido con nuestra misión de ser los vigilantes en la protección de los más vulnerables.

Chile, un hogar para todos

En Octubre de 2017, los Obispos de Chile, entregaron la carta Pastoral “Chile un hogar para todos”. En ella nos ofrecieron una palabra “sobre los grandes desafíos que, según nuestro discernimiento, enfrenta la sociedad chilena en estos tiempos” (N.2)

Decir “hogar”, nos inspira calidez y acogida. “En el Sur hace referencia a la cocina a leña o al fogón donde se agrupa la familia guareciéndose del frío… lo esencial del hogar es la mesa familiar en el que compartimos el cariño, la vida, la comida. Por eso, el lema que inspiró nuestra misión después del terremoto de febrero de 2010 llevaba por título: “Chile, una mesa para todos”. Hoy queremos decir: “Chile, un hogar para todos”. Hogar que es casa común donde cada uno tiene su lugar, donde nadie pueda sentir la exclusión en la tarea de hacer de Chile una nación fraterna y solidaria, fundada en el amor a Dios y al prójimo” (N.5).

En nuestro hogar común, aún hoy quedan heridas de nuestro último quiebre institucional, en 1973. Han pasado 45 años y son evidentes las cicatrices y los dolores que no han sanado. Hay preguntas sin respuestas, como las de los familiares de detenidos desaparecidos, que no pueden disolverse en la resignación de un país que pierde su memoria o que reniega de ella. Nos aprestamos, también, a conmemorar 30 años de la recuperación de la democracia como forma de gobierno y de convivencia social. ¡Cuánto anhelamos para Chile esa voluntad y disposición a grandes acuerdos que marcó el comienzo de la transición!

El Evangelio y la Eucaristía en el corazón de Magallanes

Caminamos hacia los quinientos años de la Primera Misa celebrada en el Estrecho de Magallanes en nuestra región. “Dios entro desde el Sur”, reza el lema de nuestra Diócesis y de aquí su bendición se extendió a todo nuestro territorio nacional.

Nuestro deseo para estas celebraciones es que del “Evangelio y la Eucaristía estén en el corazón de Magallanes”. Hoy, en este Te Deum, un grupo de jóvenes nos entregarán un pequeño Pan, signo de este gran acontecimiento: Cristo vino por vez primera entre nosotros como Pan, como alimento que viene a saciar el hambre más profunda que todos tenemos, el sentido de nuestra existencia, la razón de nuestra historia y sobre todo a regalarnos la plenitud de la vida que se proyecta por toda la eternidad.

Pan, que nos recuerda que debemos saber compartirlo entre los nosotros y repartirlo entre aquellos que no lo tienen. Así es Cristo quien desea compartir nuestra vida y ser repartido entre los marginados y abandonados de nuestra sociedad.

El Señor Jesús nos dejó a María como madre nuestra, para que no camináramos solos. Los Padres de la Patria la tuvieron como intercesora ante Dios en los albores de la nación. Volvamos a mirarla, porque ella nos enseña a buscar y hacer siempre la voluntad del Padre de Misericordia. Que ella lleve nuestros ruegos y plegarias a su corazón para que los valores del Evangelio sigan inspirando el alma de Chile.

A Dios sea el Honor y la Gloria, y nosotros aclamamos: ¡Te Deum laudamus… te alabamos, Señor! Amén. Concluyó.

 

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