“El evangelio y la eucaristía en el corazón de Magallanes»
                                                                                                                                                                         (Mt 28,20)

Estimados(a) hermanos(a) en el Señor:

En este tiempo de Navidad, celebramos el “mayor regalo que Dios ha dado a la humanidad”, el nacimiento de su Hijo en Belén. La Navidad es la fiesta del misterio del amor misericordioso de Dios que irrumpe en nuestra historia y en la vida de cada persona con el nacimiento de Jesús.

El nacimiento del Niño Dios también ilumina nuestras actuales circunstancias históricas. Son muchos los acontecimientos alegres y dolorosos que hemos vivido durante este año en Chile. Los Obispos de Chile hemos señalado: “los clamores, angustias y descontento ante la injusticia, la desigualdad y el abuso, se han manifestado con claridad en asuntos tan relevantes para nuestro pueblo como salud, medio ambiente, salarios, pensiones, servicios básicos y sobreendeudamiento. Ha habido autoridades, dirigentes, empresarios y líderes políticos y sociales que no han estado a la altura del servicio y responsabilidades que deben cumplir en la vida social. También nosotros, en la Iglesia, hemos defraudado a muchos chilenos, siendo causa de escándalo y dolor”.

Nos estremecen los rostros violentados de niños, mujeres, jóvenes y servidores públicos, así como las vidas humanas que se han perdido y las personas gravemente heridas. Nos impacta la destrucción material de edificios públicos y privados, incluso de lugares de culto, llamados a ser espacios de paz y de oración. Nos preocupa gravemente la sensación de incertidumbre y miedo, la angustia de mucha gente por no saber qué ocurrirá mañana” (15/11/19).

Como Iglesia Magallánica, caminamos hacia los Quinientos años de la Primera Misa celebrada en el Estrecho de Magallanes (11 de Noviembre) y que celebraremos, el Domingo 8 de Noviembre de 2020 con una gran Eucaristía a la orilla del “Estrecho de Todos los Santos”. Nuestro deseo para estas celebraciones es que del “Evangelio y la Eucaristía estén en el corazón de Magallanes”.

La Eucaristía es el Pan Vivo, que nos invita a saber compartirlo y repartirlo entre nosotros y con aquellos que no lo tienen. Es Cristo, quien desea compartir nuestra vida y ser repartido entre los marginados y abandonados de nuestra sociedad.

El altar, donde celebramos la Eucaristía, es la mesa que soñamos para nuestra Iglesia y la sociedad. En esa mesa, Cristo se hace presente entre nosotros bajo el signo del Pan y del Vino, para así compartir la vida con todos, sin discriminación y sin exclusión.

Por ello, esperamos para todos una mesa generosa y abundante, donde el pan, que es fruto del trabajo, este en ella. Una mesa solidaria, que deja siempre un puesto para quien lo necesita.  Una mesa festiva, que celebra el don de la vida y la belleza del amor. Una mesa también austera, que no derrocha innecesariamente y que no gasta lo que no tiene.  Una mesa justa y fraterna, donde todos tienen lo que necesitan, en especial los ancianos y jubilados. Una mesa que consuela, al que se encuentra triste y afligido. Una mesa para aprender a compartir, en la que todos tienen derechos y deberes, y se respetan cariñosamente. Una mesa para dialogar, para confrontar opiniones, para buscar soluciones, para expresar lo que sentimos, sin renunciar al amor. Una mesa para acoger a los familiares, a los amigos, a los más pobres.

Pero para poder estar en esta mesa Eucarística hoy más que nunca debemos estar insertos en la sociedad dando testimonio del Amor de Cristo. No podemos ser católicos pasivos que observemos las realidades desde dentro de la Iglesia sin dar a conocer a Cristo en nuestros oficios y vida diaria. En el trabajo, en el colegio, en la universidad, en la junta de vecinos y en tantos otros lugares. En estos tiempos que nuestro país necesita ser escuchado más que nunca debemos recordar lo que nos dice el Señor en el Evangelio: “todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí” (Mt. 25,34 -35)

Invito a todos que en este tiempo nos esforcemos en:

a.- Intensificar la oración, así como el pasado 8 de Diciembre consagramos nuestro país a la Virgen del Carmen, los invito a que en este tiempo recemos nuestro Oración por los Quinientos años de la Primera Eucaristía en Chile. Lo podemos realizar en la post-comunión de la Eucaristía y en los otros momentos de oración comunitaria.

b.- Continuar con nuestro proceso de discernimiento para la renovación eclesial que hemos iniciado en estos últimos meses. Son muchos los que aún, no han participado de este proceso y no los podemos excluir.

c.- Tener una participación activa y la disponibilidad de ofrecer nuestros espacios, para los diálogos que se han ido proponiendo en nuestra sociedad, a partir del estallido social. En el próximo mes de Marzo, entregaremos algunas “fichas de formación” para ayudarnos a prepararnos para el plebiscito del 26 de Abril.

Que la paz del Señor recorra nuestras calles y que entre en el interior de nuestros hogares, para que podamos vivir nuestros días con mayor cuidado de unos por otros, y en paz con el cielo y con la tierra. Feliz Navidad.

Con afecto de Pastor, les saluda y se encomienda a sus oraciones,

+ Bernardo Bastres Florence
Padre Obispo de Magallanes

 

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