“TODO LO QUE HE HECHO ES PARA LA GLORIA DE DIOS Y EL BIEN DE CHILE”

Por Mario Isidro Moreno / en el Sofá – El Magallanes 26 de marzo de 2017 (Extracto)

La orden religiosa italiana de los Salesianos fue establecida por Don Juan Bosco en 1859, en la región de Turín, Piamonte, Italia. Sus primeros seguidores llegaron en 1887 a la Patagonia austral, con la misión de evangelizar a los aborígenes. El espacio misional San Rafael Arcángel fue creado en 1889 por la Congregación Católica Salesiana en isla Dawson, Chile. 63 años después, arribó a Chile y posteriormente a Magallanes el coadjutor de esta orden, Santiago Cristóbal Redondo Muñoz, procedente de España.

Nace el 6 de julio de 1929 en la localidad de Pozoblanco, perteneciente a la provincia de Córdova, en la región de Andalucía. Hijo del herrero del pueblo, Tomás Redondo, artista de la forja, que en su yunque realizaba maravillas con el metal, y de Florencia Muñoz. Fueron cuatro hermanos: Santiago, Francisco, Rafael y Juan…

El joven Santiago, partió a los 12 años al seminario. Recibió el mensaje de Dios en el colegio salesiano que había en su pueblo, donde concurría; la vocación aumentaba al concurrir al templo con una tía, de nombre Marita. Pero ya desde muy pequeño se sentía religioso. La gente le preguntaba -¿Qué vas a ser cuando seas grande? Y él respondía – cura. Con sus pequeños amigos jugaban a hacer misa, y era él quién oficiaba la ceremonia litúrgica. “Yo estuve en el Seminario de Antequera, un pueblo de la provincia de Málaga, en España. Éramos 140 seminaristas.

Estábamos en calidad de internos, de tal manera que fuimos una verdadera familia. Realizábamos excursiones caminando a lugares campestres, cerros y ríos. Lo hacíamos una vez por semana. Mi estudio sacerdotal fue muy cambiado. Ser religioso es una vocación maravillosa, pero es difícil. Luego de tres años de estudios regresé a mi pueblo porque me costaba mucho aprender el latín, idioma vital para ser sacerdote. En Pozoblanco trabajé en una perfumería y droguería, como encargado de la caja y llevando la contabilidad del negocio. Pero, paralelamente, iba al colegio a fin de dar clases a los niños, porque me consideraba un salesiano. En el año 1949, yo profesé como salesiano. Yo no fui sacerdote, sino hermano, teniendo el título de coadjutor. (Los salesianos coadjutores no se ordenan sacerdotes, pero dentro de la Congregación tienen los mismos deberes y derechos religiosos). Me enviaron a Sevilla, capital de Andalucía, donde estuve tres años dando clases a 70 internos.

 

LLEGADA A CHILE. En el año 1952 yo vine a Chile… Se había embarcado en Barcelona, en la nave Contegrande, que traía a América cuatro mil pasajeros. Tardaron 27 días en llegar a Buenos Aires. Luego de un mes en la capital argentina tomaron un tren de madera que los dejó en Mendoza y de allí otro convoy que los llevó al pueblo de Los Andes. Su primera gran impresión fue el paso de la cordillera, por cuanto cambió el panorama de grandes y estériles llanuras argentinas por el verdor de los campos del valle de Aconcagua.

 

LARGA PERMANENCIA EN PORVENIR. Fue una larga permanencia del padre Redondo en la capital fueguina, en la que realizó múltiples actividades: haciendo clases en el Colegio San Francisco de Sales a los quintos y sextos años y participando con muchas instituciones de bien público. Fue en Porvenir donde recibió feliz de la vida su nacionalidad chilena, a los 10 años de residencia en el país. Tuvo el honor de recibir esta distinción de parte del gobernador Tomás Radonich, a cuyos hijos les impartió enseñanza en el colegio. “Me hicieron un homenaje en el teatro de los Radonich, ubicado en calle Señoret. Fue una ceremonia muy hermosa y cálida. Cuando joven fui muy deportista, de tal manera que eso me sirvió para que en Porvenir estuviera como encargado del deporte. Con este cargo realicé olimpíadas escolares, fútbol y grandes competencias entre los establecimientos educacionales. Los desfiles fueron realmente apoteósicos. Había grupos de exploradores, boy scouts. Todo se hacía a la perfección. Teníamos una fanfarria; yo organicé una banda y a los pitos y tambores les agregué esta fanfarria con otros instrumentos. Se trataba de formar al alumno en forma integral, para que después descubriera cuál era su vocación. Existía igualmente teatro, llamado “Cuadro artístico Domingo Savio”, en el cual participaban adultos y niños, y con ellos presentábamos sketch, sainetes, comedias, dramas, zarzuelas, etc. en el mismo salón pobre que existía en el colegio y allí actuábamos. Tuvimos hasta giras a Punta Arenas y Cerro Sombrero…

 

SU ORDENACIÓN SACERDOTAL. “La realización del Concilio Vaticano II (1962), abrió las puertas de la Iglesia, y dijo: hay que dar facilidades a los jóvenes para que sean sacerdotes. Entonces, yo le pedí a mi superior que quería ser sacerdote. Yo, hice cursos en las Universidades de Valparaíso y La Serena y me gusta leer, de tal forma que me considero un autodidacta. Me dijeron -véngase a Santiago- y en la capital estudié Teología un año en el Seminario de Lo Cañas y Tres años en la Universidad Católica, con mucho sacrificio porque a esa altura yo tenía bastante edad. Como yo lo pedí, me ordené sacerdote el 12 de diciembre del año 1971, en Porvenir, estando a cargo de la ceremonia Mons. Vladimiro Boric. Fue el día en que se celebra a la Virgen de Guadalupe. El acto se realizó ante una gran cantidad de fieles que repletaron el gimnasio Padre Mario Zavattaro. Ante la muerte del sacerdote Ladislao Misa me designaron párroco de la capital de la Provincia de Tierra del Fuego”.

 

PRÓDIGO EN OBRAS En esa tierra, fundó el Hogar de Cristo de Porvenir, siendo inaugurado el 28 de agosto de 1993. Condujo la Escuela Agropecuaria Las Mercedes y encabezó el proyecto para construir un nuevo templo en la ciudad, con la colaboración de la comunidad, el que fue inaugurado en el centenario de la ciudad, 20 de junio de 1994, diseño del arquitecto Julio Fernández Mayo. En 1994 el alcalde de la capital fueguina, Juan Torres Toro, y los regidores, lo hicieron Ciudadano Distinguido de Porvenir y en 1996 fue declarado Hijo Ilustre de la Región por la Intendencia de Magallanes. El 26 de agosto de 1998 consagró el Santuario Jesús Nazareno de Porvenir, una obra para los chilotes…

En su despedida, el padre Santiago Cristóbal Redondo Muñoz, señaló: “Mi corazón está dividido entre España y Chile. Todo lo que he hecho es para la Gloria de Dios y el bien de Chile. Tengo 65 (67) años en este bello país, de los cuales 56 (58) los he vivido en Magallanes.

Saludo a los porvenireños; los llevo en el corazón, amo mucho a ese pueblo porque ahí trabajé muchos años de mi existencia. A los jóvenes les digo que son una fuerza muy grande en el mundo, que se formen bien, que amen a su patria, que sean personas cultas y que busquen siempre el bien de los demás, el bien de la nación, la alegría de sus familias y que aporten con su formación al engrandecimiento de Chile”.

Puede leer la nota completa en el suplemento “En el Sofá” AQUÍ

 

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