En enero de 2011, luego de varios años sin llevarse a cabo, se recomenzó con la experiencia CEVAS en la parroquia Catedral. En la actualidad, ya en el décimo verano y desde 2013 también en invierno, un sin número de niños y jóvenes ha tenido la posibilidad de pasar por los salones y patios de nuestra comunidad parroquial; algunos ya son profesionales, otros son universitarios, algunos que comenzaron como niños ahora son monitores y otros que llegaron sin muchas ganas ya llevan varios años junto a nosotros. Los juegos, las catequesis, los paseos, los partidos de fútbol o los encuentros con amigos de otras parroquias han sido una verdadera formación en la fe y para la vida misma.

Transcurridos diez años, no queda más que agradecer a todas las personas de buena voluntad que han permitido la realización de esta actividad. Son muchas y muy variadas, sin embargo, algunas merecen una particular mención por ser aquellas sin las cuales esta experiencia no existiría en la actualidad. Nuestro especial agradecimiento a doña Tatiana Leuquén y don Ernesto Hernández, quienes, en miras a la celebración del cuadragésimo aniversario de los CEVAS, en 2011, nos motivaron a emprender este camino; a doña Ingrid Otárola, nuestra primera asesora, quien se atrevió a acompañar a los jóvenes en el inicio de esta aventura; al Padre Obispo Bernardo que, en su calidad de párroco en aquella época, depositó su confianza en la juventud para la realización de esta actividad; y, por último, a nuestra querida comunidad de la parroquia Catedral, representada, principalmente, por sus ministros, los cuales, al principio con cierto recelo, nos abrieron las puertas, nos acogieron y nos han hecho parte de la misma. A todos ellos, y a tantos otros anónimos que están o que ya partieron, muchísimas gracias.

Bendito sea Dios, que cada año tiene a estos muchachos, que desinteresadamente, entregan de su tiempo para servir a los más pequeños de nuestra ciudad, descubriendo en ellos el rostro misericordioso de Cristo. Que la semilla de amor plantada en el corazón de tantos niños y jóvenes sirva para anunciar, con una sonrisa, que el Señor vive y tiene rostro joven (Carlos Díaz Villarroel).

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