El pasado domingo 27 de septiembre, en un ambiente de profunda fiesta y comunión eclesial, y tras el tradicional desfile por el Día de Oración por Chile —en el que se honró a la Santísima Virgen María como Reina y Patrona de la patria en el marco del centenario de su coronación—, se llevó a cabo el histórico Encuentro Diocesano de Acólitos.
La jornada reunió a niños, niñas y jóvenes servidores del altar, provenientes de diversas comunidades de la Diócesis de Punta Arenas, destacando delegaciones que cruzaron desde la isla de Tierra del Fuego (Porvenir). Por primera vez, participaron desfilando como un solo grupo, revestidos con sus albas, junto a las delegaciones de colegios, parroquias y movimientos católicos, sumando a cerca de 35 acólitos.
Tras el desfile, los acólitos y algunos que estaban acompañados de sus familias se trasladaron hasta las dependencias del Colegio San José de Punta Arenas, donde compartieron un almuerzo fraterno (cocaví).
Durante la tarde se desarrolló un trabajo dinámico y formativo en torno a la vocación del monaguillo, profundizando en las virtudes y el sentido litúrgico de estar cerca de la mesa del Señor. En este espacio no solo trabajaron los niños y jóvenes, sino también sus padres, pilar insustituible para que puedan crecer, perseverar y sentirse respaldados en su servicio a la Iglesia. Los padres manifestaron con orgullo y emoción la alegría de ver a sus hijos servir a Dios. Posteriormente, los participantes compartieron dinámicas lúdicas y un registro audiovisual con testimonios de la experiencia vivida.
«Ustedes le prestan un servicio a Jesús»
A las 16:30 horas se dio inicio a la Santa Misa de clausura, presidida por el Obispo Diocesano, Monseñor Óscar Blanco Martínez O.M.D., quien en su homilía, dio un cálido y profundo mensaje a los niños y agradeció de manera especial a los padres y a los sacerdotes que impulsaron la iniciativa.
«En el fondo, no es que ustedes le vayan a ayudar al padre: en el fondo le van a prestar un servicio a Jesús, porque el sacerdote también está sirviendo a Cristo. Cuando están en el altar acercando el agua, el vino, el cáliz, la patena o el incienso, le están prestando un servicio a Jesús para que Él se haga presente en la Eucaristía, en su Cuerpo y en su Sangre. Es un regalo de Dios que cuenta con la ayuda y cooperación de todos ustedes. Papás: nunca sus hijos se ven tan hermosos como cuando están sirviendo en el altar», expresó Monseñor Blanco.
A la luz del Evangelio del día y la parábola de los dos hijos, el Obispo reflexionó con los acólitos sobre la coherencia y el valor de cumplir las promesas con hechos concretos:
«Jesús nos enseña que no basta con decir ‘Señor, Señor’, o decir ‘papá, mamá, yo te quiero’, si después no hacemos lo que tenemos que hacer. No basta con decir las cosas, hay que hacerlas. De nada serviría haber venido hoy al desfile, a la misa y al encuentro, si el próximo fin de semana no vamos a servir. Ser acólito significa un compromiso delante de Dios: que el sábado o domingo cuando me toque, estaré allí en la parroquia, puntual y disponible. Pidámosle a la Virgen del Carmen, que dijo ‘sí’ y mantuvo su fidelidad hasta la cruz, que nos enseñe a ser obedientes, a cuidar a nuestras familias y a decir siempre un ‘sí’ generoso a Jesús».
Asimismo, el Obispo contextualizó este encuentro como un signo de vitalidad y esperanza en el caminar pastoral de la Iglesia de Magallanes, que se prepara para conmemorar en mayo próximo sus 80 años como Diócesis (1947–2027), invitando a que este fruto de comunión se consolide y crezca año a año.
Un hito que se proyecta en el tiempo
Al término de la celebración, Monseñor Blanco instituyó formalmente que, a partir de ahora, cada último domingo de septiembre (Día de Oración por Chile) y tras el tradicional desfile cívico, se celebre de manera permanente el Encuentro Diocesano de Monaguillos de la diócesis Punta Arenas.
Fue un momento de gran júbilo y renovación vocacional. La Diócesis agradeció a todas las comunidades, colegios y familias que hicieron posible este encuentro, de modo particular a la delegación fueguina que viajó junto a su párroco, reafirmando que el servicio del altar es un semillero de fe viva en la Patagonia.
