Con profunda gratitud, alegría y esperanza en el corazón, la Iglesia diocesana de Punta Arenas despide a las hermanas Clarisas Carmen y Cecilia, que fueron un don del Espíritu para nuestra comunidad durante 22 años de presencia contemplativa. Su llegada, el año 2003, junto a la Hermana María Angélica, de feliz memoria, fueron recibidas con gozo por el Padre Obispo Tomás González y su comunidad que llegó a florecer hasta con seis hermanas, enriqueciendo nuestra vida eclesial con su ferviente oración, escucha atenta y servicio generoso.

La vida religiosa, como bien nos recuerda la tradición de la Iglesia, es un misterio que hunde sus raíces en el corazón de la Trinidad, un carisma abrazado a través de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia. Ellas han vivido esto fielmente, siendo mujeres de fuerza y coraje en la primera línea del Evangelio, como ha exaltado la Iglesia en múltiples ocasiones. Hoy, ante su partida -en un acto de obediencia y amor a su vocación- renovamos la gratitud por los frutos invisibles pero fecundos de su entrega, que han sostenido a tantos en la fe y la esperanza, especialmente en momentos de prueba. Al recordar a la Hermana María Angélica, fallecida el 3 de agosto de 2025, quien paso por esta tierra irradiando santidad, elevamos una oración por su alma y por sus hermanas que hoy emprenden una nueva etapa de sus vidas.  Su testimonio ha sido un monumento vivo de caridad y oración para nuestra diócesis.

Les deseamos un buen regreso a casa, la hermana Cecilia al monasterio de las Clarisas de Santiago, donde la esperan con los brazos abiertos, llevando nuestra bendición y el afecto de todos. Y la hermana Carmen que vivirá una nueva misión. Que la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, Santa Clara y San Francisco de Asís, las acompañe en este nuevo capítulo de sus vidas y misión. Que Dios les conceda paz y bien, salud y abundantes gracias.

 

+ Óscar Blanco Martínez, OMD
Obispo de Punta Arenas

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