Mensaje 131° Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de Chile
Padre Hurtado, 9 de mayo 2025.

COMPARTAN CON MANSEDUMBRE LA ESPERANZA QUE HAY EN SUS CORAZONES

Al concluir nuestra Asamblea Plenaria en el Centro de Espiritualidad Loyola, y viviendo este bendecido Año Jubilar, enviamos este Mensaje a todos los fieles y personas de buena voluntad.

  1. Esta Asamblea la hemos vivido como un acontecimiento inédito. Iniciamos nuestro trabajo ofreciendo la Eucaristía por el descanso eterno del papa Francisco, haciendo memoria agradecida de su luminoso ministerio entre nosotros. También, este jueves 8 de mayo nos hemos llenado de gozo por la elección de SS. León XIV como sucesor de Pedro y pastor de la Iglesia universal. Elevamos nuestras oraciones por la fecundidad del ministerio de nuestro nuevo Papa. En nombre de la CECh, le expresamos nuestro afecto fraterno. Con Pedro y bajo Pedro, le aseguramos nuestra comunión y fidelidad para seguir trabajando por la nueva evangelización de nuestra patria.
  2. Insertos en este año jubilar, durante la Asamblea, hemos seguido trabajando en la renovación de nuestras estructuras y modos de servicios pastorales para vivir una creciente sinodalidad. También, como ha sido el énfasis durante los últimos años, continuamos trabajando para procurar una cultura del cuidado y del buen trato. Igualmente, con mucha alegría y gratitud, evaluamos la Jornada Nacional de Jóvenes (JNJ) realizada en La Serena, en enero de este año, dando gracias al Señor porque este acontecimiento ha dado un nuevo impulso a la evangelización de los jóvenes.
  3. Atentos a los signos de los tiempos, y reconociendo elementos esperanzadores como es el Informe final de la Comisión presidencial para la paz y el entendimiento, somos testigos de hechos que nos inquietan y duelen. Así, vemos en el mundo una realidad turbulenta producto de las guerras y de las disputas arancelarias que hieren el corazón de la humanidad. En nuestro país hay una crisis de seguridad evidenciada en graves situaciones que atentan contra la dignidad humana. Golpea nuestra realidad nacional el creciente crimen organizado y la expansión del mundo narco que promueven la violencia, inseguridad y pobreza. Este flagelo delictual utiliza a los jóvenes y seduce al ámbito político, judicial y deportivo generando una realidad crecientemente corrupta y difícil de enfrentar. Desgraciadamente estas incivilidades llevan aparejadas prejuicios negativos, teñidos de generalizaciones injustas, contra numerosos hermanos migrantes que legítimamente vienen a nuestra patria y contribuyen al bien común de Chile. También nos preocupa gravemente la alarmante baja de la natalidad que hipoteca el futuro del país. Los resultados del reciente Censo ameritan que el tema sea estudiado en profundidad y que se adopten decisiones concretas para enfrentar esta situación.
  4. Como pastores y ciudadanos, movidos por el Evangelio, humildemente pedimos a los actores políticos y sociales competentes que trabajen juntos para revertir estas graves situaciones que hieren el alma de Chile y que, en el caso de la inseguridad ciudadana, denigran a todos, especialmente, a los más pobres. A pesar de la polarización política, el hecho de que caminamos hacia elecciones presidenciales y parlamentarias puede ser una providencial oportunidad para que los distintos actores políticos y sociales, más allá de las legítimas diferencias que los distinguen, derriben ‘muros’ ideológicos, dejen atrás la violencia verbal y alcancen un gran acuerdo nacional sobre las materias aludidas, que trascienda sus intereses particulares, poniendo en el centro el bien común de Chile. Nosotros, como pastores y ciudadanos, reiteramos nuestro compromiso para colaborar activamente en favorecer el encuentro, el diálogo y el acuerdo entre los distintos actores sociales, porque estamos convencidos que para enfrentar los flagelos que hoy nos afectan hemos de trabajar juntos –y no divididos– por el bien común de Chile.
  5. Ante este panorama complejo, invitamos a todo el Pueblo de Dios a convertirnos en signos de esperanza, poniendo atención en todo lo bueno, noble y bello que hay en nuestro país y en las comunidades eclesiales. Nos hace bien “recuperar la confianza necesaria —tanto en la Iglesia como en la sociedad— en los vínculos interpersonales, en las relaciones internacionales, en la promoción de la dignidad de toda persona y en el respeto de la creación. Que el testimonio creyente pueda ser en el mundo levadura de genuina esperanza, anuncio de cielos nuevos y tierra nueva (cf. 2 P 3,13), donde habite la justicia y la concordia entre los pueblos” (Spes non confundit, 25).

Concluimos llenos del gozo propio de la Pascua y, bajo el manto de la Virgen del Carmen, renovamos nuestra comunión con el Santo Padre León XIV pidiendo Su bendición apostólica para el Pueblo de Dios peregrino en Chile.

 

Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Chile

 

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