“José subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a la Ciudad de David en Judea, llamada Belén -pues pertenecía a la Casa y familia de David-, a inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Estando ellos allí, le llegó la hora del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado sitio en la posada” (Lc 2, 4-7).

Al celebrar Navidad, nos dejamos interpelar por la experiencia de José y María en Belén. Aquel pesebre, humilde y prestado, se convirtió en el primer hogar del Salvador ante la falta de lugar en la posada. Este acontecimiento no es solo un recuerdo del pasado, sino una invitación presente a reconocer que Dios elige la fragilidad para manifestar su gloria. En el nacimiento de Jesús, contemplamos el misterio del Emanuel, Dios-con-nosotros, que viene a habitar nuestras periferias y a recordarnos que la luz de la salvación brilla con más fuerza allí donde la hospitalidad se hace vida.

Este misterio de vulnerabilidad nos urge a volver la mirada hacia quienes hoy, al igual que la Sagrada Familia, no encuentran sitio en nuestra sociedad. El Emanuel se manifiesta especialmente en los pobres, los marginados y en los hermanos migrantes que buscan un lugar donde la vida sea protegida y valorada. Como Iglesia en Chile, estamos llamados a ser ese hogar que acoge sin prejuicios, comprendiendo que cuando abrimos la puerta al forastero o al necesitado, es a Cristo mismo a quien ofrecemos posada, dignidad y esperanza.

La Navidad es el regalo gratuito de la salvación que Dios nos ofrece en su Hijo único, Cristo nuestro Señor. Él viene a transformarnos, para que dejando de lado la indiferencia e individualismo, nos reconozcamos verdaderamente como hijos de un mismo Padre y, por tanto, hermanos entre nosotros. El sentido profundo de la Navidad no reside en lo material, sino en la alegría de sabernos amados por Dios que se hace uno de nosotros para restaurar nuestra dignidad y llamarnos a construir una mesa donde nadie se sienta excluido.

Invitamos al Pueblo de Dios que peregrina en Chile a vivir estos días en un clima sereno, de oración y fraternidad, acompañando especialmente a quienes viven en soledad o abandono en nuestro alrededor.

Que la paz del recién nacido inunde nuestras vidas y que, siguiendo el ejemplo de José y María, sepamos actuar con generosidad para que el Salvador encuentre siempre en nuestra tierra un lugar donde nacer y habitar.

 

¡Feliz Navidad a todos!

EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE

 

+ René Rebolledo Salinas Arzobispo de La Serena – Presidente

+ Ignacio Ducasse Medina Arzobispo de Antofagasta – Vicepresidente

+ Card. Fernando Chomali Garib Arzobispo de Santiago

+ Juan Ignacio González Errázuriz Obispo de San Bernardo

+ Cristián Castro Toovey Obispo de Santa María de los Ángeles – Secretario General

 

Santiago, 22 de diciembre de 2025

 

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