“Miren que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notan? Abriré un camino por el desierto, ríos en el arenal” (Isaías 43,19).
Al concluir el Año Jubilar 2025, el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal eleva una oración de profunda gratitud al Señor al mirar el camino recorrido por el Pueblo de Dios que peregrina en Chile. Este ha sido un tiempo de gracia y bendición: ¡El Año del Jubileo de la Esperanza! En él hemos vivido también la pascua del Papa Francisco y el inicio del pontificado del Papa León XIV, quien ha confirmado la opción sinodal y el amor preferencial de la Iglesia por los pobres, invitándonos a seguir siendo una comunidad que escucha al Señor y camina unida. Agradecemos cada espacio de encuentro en nuestras diócesis y la generosidad de numerosos agentes pastorales que, con esperanza renovada, han mantenido viva la llama de la fe en un periodo de transiciones y nuevos comienzos para la Iglesia universal.
Al proyectar el 2026, los desafíos para nuestro país y la Iglesia en Chile nos llaman a una caridad más activa y a un compromiso firme con la justicia social. No podemos ser indiferentes ante las brechas que aún dividen a nuestra sociedad, ante lo cual hacemos un llamado a la unidad de todo el país, para enfrentar juntos los desafíos de la migración, la seguridad y la pobreza. Por ello, iniciaremos este nuevo año con el propósito de profundizar nuestro servicio a los necesitados y excluidos, quienes siendo imagen de Cristo deben ser en las comunidades, prioridad pastoral. Nos sostiene la convicción de que solo a través del amor concreto y la solidaridad podremos construir una nación más humana y fraterna, respondiendo a los anhelos profundos de paz de las mujeres y hombres de buena voluntad.
En este espíritu, hacemos nuestro el Mensaje del Papa León XIV para la 59a Jornada Mundial de la Paz, que se celebra este 1 de enero, quien nos recuerda que la verdadera reconciliación nace de una disposición interior que se traduce en acciones: “Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente”. Que el 2026 sea para cada chilena y chileno un tiempo de «desarme del corazón», donde la esperanza -esa que abre caminos en el desierto- nos movilice a ser constructores de una paz que no olvida a nadie y que abraza con especial ternura a quienes más sufren.
¡Feliz y bendito año 2026!
EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE
+ René Rebolledo Salinas Arzobispo de La Serena – Presidente
+ Ignacio Ducasse Medina Arzobispo de Antofagasta – Vicepresidente
+ Card. Fernando Chomali Garib Arzobispo de Santiago
+ Juan Ignacio González Errázuriz Obispo de San Bernardo
+ Cristián Castro Toovey Obispo de Santa María de los Ángeles – Secretario General
Santiago, 30 de diciembre de 2025
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