En una asamblea plena de alegría, fe y devoción, el Obispo Bernardo Bastres Florence ordenó Presbítero a Miguel Ángel Bahamonde Villarroel, este sábado 22 de diciembre en la Catedral de Punta Arenas.
Familiares, fieles de la Iglesia de Magallanes, amigos, sacerdotes, formadores y compañeros del Seminario Metropolitano de Concepción, llegaron la mañana del sábado 22 de diciembre a la Iglesia Catedral de Punta Arenas. Allí acompañaron a Miguel Bahamonde Villarroel quien fue ordenado sacerdote de manos del obispo Bernardo Bastres Florence.
El obispo en su homilía señalo: “Hoy nuestra Iglesia, se encuentra de fiesta, uno de sus hijos recibirá el Ministerio Sacerdotal, por ello, querido Miguel, te saludo con todo mi cariño en este día gozoso de tu ordenación sacerdotal. Un saludo especial para la Sra. Carmen Julia (tu Mamá), recordamos especialmente a nuestro Diácono Permanente: José, tu Padre, que desde el cielo nos acompaña, a tus hermanos junto a los parientes y amigos que han querido acompañarte y ser así testigos de este gran acontecimiento en nuestra vida eclesial.
Querido Miguel, has elegido como lema sacerdotal, la afirmación que hace Jesús en el Evangelio de Mateo, en el contexto del Padre Nuestro: “hágase tu voluntad”. Lema hermoso y desafiante para vivir tu sacerdocio en este contexto actual de nuestra Iglesia.
Nos podemos preguntar, querido Miguel, ¿Qué entendemos con cumplir la voluntad de Dios?. La respuesta ciertamente, la tenemos que buscar en la misma Palabra de Dios y en ella encontramos dos maneras de entenderla:
En primer lugar, que la voluntad de Dios sea obedecida y practicada por los hombres y el otro sentido que Dios mismo lleve a cabo lo que ha decidido realizar, esta segunda manera de entenderla, no nos deja espacio para nuestra voluntad, para nuestro accionar.
El lema de tu ordenación, es ir configurando tu corazón a la voluntad de Dios. Por ello, la alegría de tu sacerdocio será cuando descubras que toda tu existencia sacerdotal se vaya configurando a ser “otro Cristo y todo de Cristo”.
Para terminar, recordando tu lema Sacerdotal: “Hágase tu voluntad”, deseo citar un pensamiento del Papa Benedicto XVI con ocasión del año Sacerdotal: “queridos sacerdotes, los hombres y las mujeres de nuestro tiempo sólo nos piden que seamos sacerdotes de verdad y nada más. Los fieles laicos encontrarán en muchas otras personas aquello que humanamente necesitan, pero sólo en el sacerdote podrán encontrar la Palabra de Dios que siempre deben tener en los labios; la misericordia del Padre, abundante y gratuitamente dada en el sacramento de la Reconciliación; y el Pan de vida nueva, «alimento verdadero dado a los hombres» (Discurso, 12 de marzo).
Después de la homilía, el ordenado hizo su promesa ante el obispo quien pronunció la oración consagratoria, recibió la imposición de manos de parte del Pastor y de los sacerdotes presentes y finalmente fue ungido con crisma en sus manos. Como signos de su sacerdocio recibió la estola y la casulla de parte de sus familiares, además el obispo le entregó el cáliz y la patena.
En la oportunidad el ahora presbítero Miguel indicó que después de siete años de formación sentía una alegría inmensa y mucha emoción de ver tanta gente reunida en torno a esta celebración, manifestó tener sentimientos de esperanza y confianza porque la Iglesia Católica sigue viva a pesar de las situaciones complejas que vive actualmente y que tiene confianza porque “pongo en la manos del Señor para que él haga todo lo que quiera de mí”.
Consultado sobre cuando sintió el llamado a dedicarse al sacerdocio, señaló que desde muy pequeño, y tenía 7 u 8 años cuando fue la primera vez que pensó en ser sacerdote. “Fue una cosa de cabro chico, pero con el tiempo fui procesando y avanzando en este caminar, con la experiencia vivida dentro del propio colegio, Liceo San José, en la comunidad parroquial, dentro de mi familia, esa experiencia y ver la de otros lo que me rodeaban, yo creo que ahí ya tuve la confianza. Mis papás me apoyaron del principio, mi papá fue diácono y murió el año pasado”, recordó.
Su mamá Carmen Villarroel dijo que siente una emoción muy grande. “Estuve ahí siempre presente para que saliera adelante y que tuviera mucha fe para poder ayudar a los demás. Siento mucha felicidad, es una emoción grande”
Al concluir la Eucaristía, el presbítero Miguel recibió el cariño de sus comunidades y de la Iglesia entera por medio de aplausos, abrazos y felicitaciones.
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