El jueves 18 de septiembre se celebró la liturgia del Te Deum en la Catedral de Punta Arenas, presidida por el padre obispo Óscar Blanco Martínez junto al pastor de la Iglesia Evangélica Luterana en Magallanes Jan Meyer; el pastor de la Iglesia Bautista Eliseo Merino Molina y el pastor de la Iglesia Metodista en Magallanes Rony Pulgar Hugues. La alabanza fue animada por el coro de la Universidad de Magallanes, dirigido por el Maestro Nicolás Petrovich Rodríguez, junto a la Fundación Filarmónica Magallanes.
En su homilía, el padre obispo Óscar llamó a comprender Chile como “nuestra casa común, tanto para los nacidos en esta tierra como para quienes han llegado buscando un futuro mejor”. Advirtió que “la polarización en la política debilita la democracia” y que el país requiere acuerdos amplios entre los distintos sectores para superar la crisis social y política, recordó que la “política no debe ser un campo de batalla” y condenó la violencia política en redes sociales y los discursos de odio.
“El país crece cuando sus fuerzas diversas son capaces de dialogar de manera constructiva”, afirmó, reiterando que Chile debe entenderse como una “casa común” que acoge a todos. “La falta de diálogo es señal de que no se busca el bien común, sino el poder”, advirtió el obispo, subrayando que sin unidad ni amor, el progreso no conduce a una vida más digna. “Toda violencia, de palabra o de hecho, daña la democracia y el tejido social”, agregó.
El obispo Blanco recordó la necesidad de hacerse cargo del descontento ciudadano, reflejado en estudios que indican que el 86% de los chilenos cree que el país ha empeorado en los últimos años pero llamando a no quedarnos en la queja ni en la indiferencia: “Hoy hacemos un llamado a la unidad, a la paz y a trabajar con esperanza en un proyecto de país construido entre todos. Recordemos las palabras que nos dejos San Juan Pablo II en su visita a nuestro país: “Chile tiene vocación de entendimiento y no de enfrentamiento” (San Juan Pablo II. 1987)
Termino su mensaje recordando a Gabriela Mistral, quien a 80 años de recibir el Premio Nobel, nos dejó una advertencia: “Menos cóndor y más huemul”. Es decir: menos violencia y orgullo desmedido, y más ternura, sencillez y cuidado de los pequeños y vulnerables. Ese es el camino de la esperanza y un llamado a la unidad y a la paz desde la humildad, desde la responsabilidad y delicadeza que protege y no desde la fuerza desmedida que hace tanto daño.
Tras la homilía, los pastores de las iglesias hermanas oraron al Señor pidiendo por las autoridades, la familia y la patria y, unidos a la cultura religiosa popular, don Francisco Abarzúa Lagos nos invitó a la oración con rogativas por la patria.
En las capitales provinciales de Última Esperanza, Tierra del Fuego y Antártica chilena también se reunió la comunidad para orar al Señor por la Patria.
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