En la misa de jueves Santo, el obispo de Punta Arenas lavó los pies a 12 niños pertenecientes a la primera comunión y oratorio de la parroquia Catedral.
En la celebración de la Cena del Señor, que da inicio al Triduo Pascual y se conmemoran los grandes misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor, el padre Obispo Bernardo Bastres Florence presidió en la catedral de Punta Arenas, la celebración con la que se recuerda la «Última Cena» donde se instituyó la Eucaristía y el ministerio sacerdotal. Un acto de amor y de humildad, en el cual Jesús lavó los pies de sus discípulos.
En su homilía señaló: “Esta tarde del Jueves Santo recordamos que Cristo instituyó la Eucaristía y el sacerdocio, y amándonos sin medida, nos dio a conocer el mandamiento nuevo: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Él nos amó y se entregó por nosotros. Era la hora de pasar al Padre a quien dio gracias porque le había escuchado, porque no le abandonaría a la muerte, porque le resucitaría y porque “podía ya en aquel momento dar su cuerpo y su sangre en el pan y en el vino, como prenda de la resurrección y la vida eterna”.
En el cenáculo se realiza todo con sencillez. “Bajo las especies del pan y del vino, Jesús se hace realmente presente con su cuerpo entregado y su sangre derramada como sacrificio de la Nueva Alianza”. Es el misterio de la fe que se fundamenta no en los sentidos sino en la autoridad de las palabras de Jesús. No hay Iglesia sin Eucaristía, ni Eucaristía sin sacerdocio.
Cristo dio su vida por nosotros, nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos, arrodillándonos con humildad ante los necesitados, aliviando con cariño sus penas, vendando las heridas con el aceite de la misericordia, y dando ejemplo con una vida intachable. ¡Dichosos los invitados a la Cena del Señor! También hoy sentimos la necesidad de decir convencidamente: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. Comulgar dignamente requiere entregar la vida en sacrificio espiritual que salva y libera a los hermanos, y de ahí nacen los deberes del amor cristiano, de la justicia y de la paz. Todos somos llamados a la misma mesa con la misma dignidad de hijos de Dios. Es Jueves Santo. Anunciemos la muerte del Señor, proclamemos su resurrección, y cumplamos su mandato: “Haced esto en memoria mía”. Concluyó.
En la oportunidad lavó los pies a 12 niños pertenecientes a la primera comunión y oratorio de la parroquia Catedral .
Posteriormente se realizó la Adoración al Santísimo y en solemne procesión al interior de la Iglesia Catedral donde se llevó a la capilla del Santísimo donde quedó la reserva de la Eucaristía para la oración y adoración.
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